García Totorika

Nacido en 1941 en el seno de una familia de labradores y mineros, en Galdames, un pequeño pueblo de Vizcaya escondido entre los montes, sintió desde niño un profundo interés por aquel entorno de trabajo y naturaleza.

Desde que recuerda, siempre estuvo dibujando. Todo lo que veía era mágico: los campos, aquellos enormes montes, los animales del establo, el río, los poderosos percherones arrastrando vagonetas de mineral. Aquel mundo le marcó. Y también los mineros de su familia fueron su ejemplo. Trabajadores incansables y amantes de la naturaleza, gente de una pieza, inculcaron en el niño – pintor el sentido de la honradez en la vida y en el trabajo.

Durante su infancia realizó incansablemente dibujos a lápiz, con pluma, acuarelas, pasteles, carbón, tizas y lo que cayese en sus manos. Sus facultades innatas para el dibujo y la pintura le sirvieron para comenzar su trabajo profesional como dibujante a la edad de catorce años. En esta época utilizó principalmente el gouache, las tintas, el aerógrafo y los acrílicos, consiguiendo varios galardones en este ámbito. Hasta la edad de veinte años, no tomó contacto con el óleo, que desde entonces y hasta hoy, será su medio más utilizado. En esta época, comienza su actividad como pintor, tomando como motivo principal los temas con figura humana. Desde ese momento, muchos cientos de cuadros y millares de dibujos han salido de sus manos. A éllo ha contribuido siempre el aliento de su mujer, Elena, que siempre le ha animado a hacer lo que crea mejor para su realización personal.

Aunque la producción más numerosa a lo largo de su carrera, está dedicada a la gente del mar, sus temas preferidos son todos los que incluyen la presencia humana: El trabajo de campo, las costumbres del pueblo, su folklore sin tópicos, la tipología humana de todos los ámbitos, las minorías étnicas como los gitanos, gentes de aquí y del otro extremo del globo. El dominio de la figura y el interés por la gente, se reflejan en toda su obra.

Crítico implacable de su trabajo, García Totorika busca siempre la perfección en el dibujo. Antes de comenzar a pintar, realiza incontables estudios hasta estar convencido de lo que quiere hacer. Para él, la construcción del cuadro es la base de la obra. Las formas, y la relación y el ritmo entre las partes que componen el cuadro, hasta conseguir un todo armónico.

El reconocimiento hacia su pintura ha ido acompañado siempre de la buena acogida del público y de la crítica. Aunque un poco reticente a las exposiciones, sus muestras siempre han gozado de éxito.

Abierto a los sentidos y a las emociones directas, García Totorika redescubre el mundo desde dentro, en su pintura no hay trivializaciones, ni posturas estéticas.
El dominio de la figura y el interés por la gente de todos los días, le dan su grandeza más generosa. En el fondo de su arte, siempre late un mensaje de vida y esperanza.

En su estudio, miles de dibujos, cuadernos, cartones, del tamaño de un sello o de varios metros, esperan su alternativa. Algunos servirán de base para un cuadro. Los más se quedarán en grafitos que cuentan un trozo de vida.

Con ternura irremediable, el artista liga cuanto ha definido en su realización humana y creativa, hecha desde el pueblo y pensando en el pueblo. Aquí es donde se encuentra la razón de ser de su pintura.

En 2002 sufre un ictus que paraliza su mitad derecha, el habla y parte motriz. Una semana despues comienza su aprendizaje con la mano izquierda desde la cama del hospital, de una manera compulsiva y todavía sin habla, completa con dibujos oníricos varios cuadernos de gran formato, que son usados como material de investigación por los médicos.

Sobrevivir al ictus le desprende de sus costumbres y herencias pictóricas, comienza un periodo de investigación, sin tabúes, cambia radicalmente sus composiciones, su estilo, su paleta... tiene una liberación pictórica.

Hoy en día dedica todo su tiempo a la pintura, desde que amanece hasta que es hora de retirarse, pintando un retrato sobre un posavasos de cartón, o como sus dos últimas producciones; “El Rocío” o “La última cena” de 40m2 cada una.

“Ahora disfruto cada minuto del día, he vueto a nacer, estoy en tiempo extra”
Jose Ángel García Totorika

El pintor en su estudio